Muchos futuros compradores no están fuera del mercado por falta de ganas: están fuera porque creen que no pueden acceder al crédito. Ese temor, alimentado por cifras y mitos, hace que personas con posibilidades reales de comprar se queden esperando. La buena noticia es que, aunque un buen puntaje ayuda, no hace falta tener un crédito perfecto para calificar: hay opciones y caminos que conviene explorar antes de descartarlo por completo.

A continuación explico por qué existe ese mito, qué dicen los datos reales sobre los puntajes de quienes sí compran, y qué puede hacer usted hoy mismo para averiguar sus posibilidades reales.

Parte del problema es la percepción general: una encuesta de Bankrate encontró que 2 de cada 5 estadounidenses (42%) creen que se necesita un crédito excelente para obtener hipoteca. Esa creencia se repite entre quienes alquilan y sueñan con ser propietarios, y actúa como freno: al ver un puntaje que no les gusta, muchos asumen que no tiene sentido empezar a buscar.

Además, el perfil del comprador “típico” aparece con puntajes altos en algunos estudios, lo que refuerza la idea equivocada de que ese nivel es el mínimo obligatorio. Pero confundir la mediana del mercado con el requisito universal es un error: la mediana refleja quiénes están comprando, no quiénes pueden comprar con las condiciones y programas adecuados.

Es cierto que el puntaje mediano entre compradores tiende a ser alto (datos del NY Fed muestran una mediana cerca de 775). Sin embargo, ese número no define un umbral inamovible. Los datos indican que hay compradores que obtuvieron hipoteca con puntajes mucho más modestos; por ejemplo, existen grupos de compradores con puntajes en torno a 660 e incluso en los 600 en ciertos programas o casos.

Como recuerda FICO: no existe un “puntaje de corte” único que todos los prestamistas usen. Cada entidad tiene su propia tolerancia al riesgo y evalúa otros factores —ingresos, estabilidad laboral, deudas pendientes, ahorros— a la hora de decidir. Por eso, ver un puntaje que no es “ideal” no equivale automáticamente a quedarnos fuera del proceso: muchas veces significa que necesitamos explorar prestamistas y programas distintos.

El paso más práctico es sencillo: hablar con un prestamista de confianza. Esa conversación le dirá con precisión qué opciones tiene hoy, qué necesitaría mejorar y qué plazos maneja cada programa. Muchas personas descubren que, con ajustes —reducir ciertas deudas, mejorar comportamientos crediticios en pocos meses o elegir un producto hipotecario distinto— pueden avanzar antes de lo que imaginaban.

Recuerde también que comprar con puntajes en la franja de los 600 no es imposible; requiere entendimiento y planificación. Un prestamista le puede explicar las alternativas: requisitos de entrada, costos asociados (como seguros o tasas algo mayores) y acciones concretas para optimizar su perfil financiero.


En resumen

Su puntaje de crédito importa, pero no tiene que ser perfecto para que comprar sea una opción real. El mito del “crédito impecable obligatorio” deja fuera a muchos compradores con alternativas legítimas. Si el crédito ha sido la razón por la que ha pospuesto la compra, la recomendación es clara: hable con un prestamista y explore. No necesita tener todo resuelto para iniciar la conversación —a veces, con información y un plan, la casa que parecía lejana puede estar mucho más cerca de lo que cree.

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