Si está valorando vender su vivienda este año, probablemente se pregunte si conviene simplificar el proceso vendiendo “as-is” (sin reparaciones) o invertir en algunas mejoras para lograr un mejor precio. En 2026 esa decisión cobra más peso: con más inventario y más opciones para los compradores, la condición de la vivienda vuelve a ser un factor que marca la diferencia entre una venta rápida y una venta por menos de lo posible. A continuación le explico qué implica vender “as-is”, cómo lo está haciendo la mayoría de los vendedores y qué papel puede jugar un agente en su decisión.

En el último año la oferta de viviendas ha crecido y las previsiones indican nuevas ganancias de inventario. Cuando los compradores recuperan opciones, se vuelven más selectivos; por eso los detalles vuelven a contar. En la práctica, eso se traduce en que las viviendas que se presentan mejor, sin problemas evidentes y con aspecto “lista para entrar”, atraen más visitas y suelen generar ofertas más competitivas.

Los datos lo confirman: un estudio de la National Association of Realtors (NAR) muestra que alrededor del 65% de los vendedores realizó al menos reparaciones o mejoras menores antes de listar, mientras que solo el 35% vendió “as-is”. Esa diferencia refleja una percepción clara del mercado: invertir en arreglos puntuales muchas veces mejora la capacidad de competir frente a opciones similares.

¿Qué tipo de trabajo suelen priorizar los vendedores? Normalmente se trata de intervenciones de bajo a medio costo que mejoran la primera impresión y eliminan señales de abandono: pintura, arreglos de fontanería o electricidad menores, jardinería y orden exterior, limpieza profunda, reparación de elementos visibles (puertas, persianas, zócalos) y puesta a punto de cocinas y baños en lo esencial. No todas las casas necesitan lo mismo: la idea es priorizar las mejoras que los compradores notarán primero y que, por tanto, ofrecen mayor retorno en términos de interés y ofertas.

Además, hay una ventaja práctica: si planifica con tiempo (la temporada alta suele concentrarse meses después), puede hacer esos trabajos sin prisa, comparar presupuestos y coordinar a los contratistas sin correr. Eso evita tomar decisiones apresuradas que encarezcan el proceso o terminen siendo ineficaces.

Vender “as-is” es declarar desde el inicio que no se harán reparaciones antes del cierre ni se negociarán arreglos tras la inspección. Es una opción válida, especialmente cuando el vendedor necesita rapidez, tiene limitaciones de presupuesto o está dispuesto a aceptar una oferta menor a cambio de simplicidad. Sin embargo, vender sin preparar la casa suele estrechar notablemente la base de compradores potenciales.

Prácticamente, una vivienda que requiere reparaciones atraerá principalmente a compradores con capacidad y disposición para asumir proyectos (inversionistas, compradores con visión de remodelación) y a quienes buscan una ganga. Eso implica, en la mayoría de los casos, menos visitas, menos ofertas y más tiempo en el mercado. Menos competencia entre compradores también reduce la probabilidad de recibir ofertas por encima del precio de lista, por lo que el precio final tiende a ser inferior al que podría alcanzarse con una presentación cuidada.

Otra consecuencia que vale la pena considerar es la percepción que crean las rebajas de precio. Cuando un vendedor empieza alto y luego baja el precio para atraer interés, muchos compradores interpretan esa rebaja como indicio de problemas ocultos; en lugar de provocar urgencia, la reducción puede alejar a compradores prudentes y atraer solo a quienes buscan descuentos, lo que suele reducir el precio de venta final. En resumen: vender “as-is” simplifica procesos a corto plazo, pero puede costar dinero y tiempo en el resultado final.

No existe una respuesta única; la decisión depende de su casa y del mercado local. Por eso trabajar con un agente es clave. Un buen profesional le ayudará a:

  1. Si decide vender “as-is”: destacar los puntos fuertes (ubicación, tamaño, potencial) para que los compradores enfoquen su atención en las oportunidades, no solo en las tareas pendientes.

  2. Si decide reparar: identificar las mejoras con mejor relación coste-beneficio según su presupuesto y lo que los compradores locales valoran más.

Además, aún hay tiempo para hacer arreglos estratégicos antes de la temporada alta (la primavera suele concentrar la mayor demanda), por lo que no tiene que apresurarse ni renunciar a mejoras que aporten valor. En cualquier caso, su agente también se encargará de la estrategia de marketing para atraer al mayor número de compradores posible.


En conclusión

Vender “as-is” puede tener sentido en determinados casos, pero en muchos mercados actuales puede costarle dinero. No es obligatorio arreglarlo todo antes de listar, pero sí puede convenir hacerlo en ciertos puntos.

Para decidir con datos y sin sorpresas, conversemos sobre su casa: así sabrá qué opción (vender tal cual o invertir en mejoras) lo deja en mejor posición según su objetivo y la realidad local.